
Extracto de la entrada de Artemio Lupin en elquintopoder.cl
Despierto y veo en la televisión la lamentable noticia de que Israel atacó, con infantes de marina fuertemente armados, una flotilla de activistas internacionales por la paz que pretendía llevar a Gaza ayuda humanitaria.
El número de muertos por la acción militar fluctúa entre 10 y 20, pero podría ascender en las próximas horas dado que hay un bloqueo informativo de parte del gobierno de Israel, y sólo se conocen unas confusas y dramáticas imágenes de los hechos divulgadas por la televisión turca.
Las embarcaciones de la llamada “Flotilla de la Libertad” navegaban bajo el pabellón de Turquía (uno de los tres países de mayoría de población musulmana que aún mantiene relaciones diplomáticas con el Estado judío), en aguas internacionales, cuando fueron abordadas.
Transcribo parte del cable de una agencia internacional de noticias, dando cuenta de los sucesos acaecidos en alta mar.
“La portavoz del Ejército israelí, la comandante Avital Leibowitz, aseguró que los tripulantes abrieron fuego, trataron de apuñalar y lanzaron piedras a los soldados, aunque no precisó en cuántos casos, ni si había armas en la embarcación”.
Evidente y notoria desproporción de medios es la primera conclusión que salta a la vista de cualquier observador relativamente imparcial. Pero, desgraciadamente, no es ninguna novedad cuando hemos visto antes, en las manifestaciones callejeras de la Intifada, a soldados respondiendo con fuego vivo las pedradas de niños palestinos.
Pienso, inevitablemente, en el caso de Rachel Corrie, una activista estadounidense pro paz cuya muerte quedó grabada a fuego en mi memoria. Corrie, de 23 años al momento de su muerte, fue aplastada por una retroexcavadora del Ejército israelí en Gaza, cuando participaba en una manifestación pacífica el 16 de marzo de 2003.


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